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Casero vs Conserva vs Procesado

En este artículo queremos hacer una comparación de las ventajas y desventajas de la cocina tradicional o casera, las conservas y los productos procesados, para diferenciarlos y poder hacer una mejor elección a la hora de comprar.

Vamos a ver algunas características…

1.Calidad nutricional:

Cuando hablamos de calidad nutricional, estamos valorando la calidad de los alimentos en función de sus ingredientes y composición:

  • Tipo de aceite: oliva, girasol, maíz, canola, palma o colza.En productos procesados, al producir grandes cantidades, se utilizan aceites que resulten más baratos para la producción como el de palma, que posee menos beneficios. Sin embargo, con la cocina casera uno puede elegir el aceite de preferencia, que para nosotros siempre será el aceite de oliva virgen extra. En el caso de las conservas, siempre se optar por comprarlas al natural y añadir posteriormente nuestro aceite.
  • Azúcares añadidos: es muy probable que en el procesado de los alimentos o en sus conservas se añadan azúcares para conseguir productos más sabrosos. Por ello es importante hacer una buena revisión del etiquetado.
  • Sal/sodio: al igual que en el apartado anterior, se suele añadir para optimizar el sabor de los alimentos, a veces en cantidades superiores a las recomendadas de diariamente.
  • Fibra: la fibra se encuentra presente en productos frescos y naturales: verduras, legumbres, frutos secos y cereales. Los productos procesados, por lo general, tienen un contenido más bajo de fibra.
  • Aditivos: conservantes, espesantes, emulgentes, colorantes o potenciadores del sabor.Todo esto es evitable con la cocina casera.
  • Vitaminas y minerales: estos micronutrientes son sensibles a las altas temperaturas durante el cocinado. Un alimento fresco tendrá mayor cantidad que uno cocinado. Por lo tanto, para mantener unos niveles adecuados de vitaminas y minerales, lo ideal es recurrir a la cocina casera ya que te permite controlar los procesos de elaboración y, así, evitar excesivas pérdidas.

2. Características organolépticas:

Son aquellas propiedades físicas de los alimentos que podemos percibir con nuestros sentidos: color, aroma, sabor y textura.

Estas serán más intensas en la cocina casera, y a medida que se someten a diversos procesos se van perdiendo las características propias de alimentos frescos, especialmente el aroma y el sabor, y se irán adicionando otros ingredientes (aditivos, sal, azúcares) para lograr un sabor agradable.

3. Tiempo de elaboración:

Está claro que es mucho más cómodo comprar un producto procesado cuya elaboración consista en “calentar y listo”, sobre todo si uno no es muy hábil en la cocina. Sin embargo, el mundo de la cocina casera es muy amplio, con una gran variedad de recetas sencillas en las que incluso se hace uso de conservas para agilizar la receta.

Además, la cocina casera ofrece una importante ventaja, y es que el tiempo empleado se compensa con la cantidad de comida, es decir, que con la misma receta obtenemos un plato con varias raciones, que pueden servir para otra persona o para consumir otro día.

4. Precio:

Uno de los aspectos más valorados a la hora de hacer la compra, es el económico. En este sentido está claro que los alimentos elegidos para preparar un plato casero resultarán más económicos ya que, aunque la compra de un día te pueda salir más cara en comparación con un plato preparado o precocinado, te durará más tiempo y servirá para preparar más de una ración.

A corto plazo, es cierto que un plato procesado o una conserva pueden ser más socorridos si sumamos el factor tiempo, pero a la larga, comprar todos los días un procesado resultará más caro para tu bolsillo y, lo que es más importante, para tu salud.

5. Sostenibilidad:

Debemos darle cada vez más importancia al cuidado de nuestro planeta y, al estar tan relacionado, es importante cuidar nuestra forma de alimentación.

Aun sabiendo que en el supermercado la gran mayoría de los alimentos vienen envasados o envueltos en plástico u otros materiales contaminantes, realizando una compra de productos más frescos y naturales contribuimos a disminuir el consumo de dichos materiales. Además, cuanto más se reduzca el uso de esos productos menor será la contaminación del aire producida por los gases que desprenden las industrias alimentarias.

De hecho, en algunos supermercados se ha creado una iniciativa para que, a la hora de la compra, cada uno aporte sus tuppers de casa para guardar productos frescos y así reducir el uso de bolsas de plástico u otros envases.

Así que ya sabes…¡Elige con criterio!

VITAMINA K

Hoy traemos otra vitamina más que el cuerpo necesita para realizar correctamente sus funciones y, por lo tanto, nos hace estar sanos…es la vitamina K ¡Hablemos un poco de ella!

¿Qué es la vitamina K y para qué sirve?

La vitamina K es un nutriente que el cuerpo necesita, se trata de una vitamina liposoluble, es decir que su almacenamiento se da en el tejido graso y es limitado, lo que significa que sólo almacenamos una cantidad determinada que el cuerpo es capaz de reutilizar mediante un ciclo de oxidación y reducción. Esta vitamina la obtenemos a través de la dieta, aunque también la podemos sintetizar a nivel intestinal.

Algunas de las funciones de esta vitamina son:

  • Coagulación de la sangre: la vitamina K es necesaria para que el hígado produzca factores de coagulación para la formación de coágulos, un proceso que detienen el sangrado.
  • Salud de los huesos: mejora la fortaleza de los huesos y disminuye las probabilidades de fractura.
  • Enfermedad coronaria: el consumo óptimo de esta vitamina disminuye el riesgo cardiovascular. Además, se ha observado una disminución de calcificación vascular, siendo este un efecto protector frente al infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular.
  • Regula funciones celulares en varios órganos.

Fuentes de Vitamina K

Está ampliamente distribuida en los alimentos, por lo que una dieta variada, que incluya alimentos como los siguientes nos asegura una ingesta diaria suficiente:

  • Por un lado, tenemos la filoquinona o vitamina K1: la encontramos en vegetales de hoja verde (espinacas, coles de Bruselas, lechuga, acelga, col, etc) y en algunos aceites vegetales (soja, oliva, canola y semillas de algodón).
  • Por otro lado, tenemos la menaquinona o vitamina K2: son principalmente de origen bacteriano, se sintetizan por las bacterias intestinales del colon, pero también podemos aportar a través de la dieta mediante el consumo de alimentos fermentados como: cuajada, queso,…

Otros alimentos que la incluyen son:  hígado de animales, pescado, carne de res, huevo y cereales (aunque en menor cantidad).

¿Cuánta vitamina K necesito?

La cantidad de vitamina K necesaria depende de la edad y el sexo. Las cantidades promedio diarias, expresadas en microgramos (mcg) son las siguientes:

¿Consumo suficiente vitamina K?

La deficiencia de vitamina K es poco frecuente ya que es una vitamina ampliamente distribuida en alimentos y que podemos sintetizar. Sin embargo, puede haber un déficit en personas que tengan dificultades para obtener la vitamina K, como pueden ser:

  • Los recién nacidos que no reciben la vitamina K al nacer a través de una inyección.
  • Patologías que disminuyen la absorción: fibrosis quística, enfermedad celíaca, colitis ulcerosa, etc.
  • Cirugía bariátrica

La deficiencia grave de esta vitamina puede dar lugar a hematomas y producir una coagulación más lenta, con lo cual aumenta el riesgo de sangrado. Además, puede haber una pérdida en la fuerza ósea, aumentando el riesgo de osteoporosis.

¿Puede la vitamina K ser perjudicial?

No se ha demostrado que esta vitamina provoque ningún daño, sin embargo, se necesitan más estudios para valorar su toxicidad a dosis muy altas, que pueden conseguirse mediante suplementación.

El aporte de esta vitamina mediante la alimentación exclusivamente, sin usar suplementación, no consigue llegar a estas dosis tóxicas.

¿Existen interacciones con la vitamina K?

Hay que tener cuidado al tomar cierta medicación, ya que su efecto se puede ver alterado al interaccionar con la vitamina K:

  • Anticoagulantes: como la warfarina.
  • Antibióticos
  • Reductores del colesterol: como colestiramina y colestipol.
  • Medicamentos que reducen la absorción de grasa: como Orlistat.

Un profesional de la salud, ya sea dietista/nutricionista o médico, sabrá indicarle las cantidades necesarias de vitamina K que debe consumir en relación a sus estado fisiológico y medicación.