Blog de Nutrición para la Vida Diaria

Consejos de Nutrición y Dieta Mediterránea para la Vida Diaria

¿Pueden comer mis hijos lo mismo que yo?

Tras el periodo de lactancia y posterior introducción de alimentos, llega una etapa en la que los niños ya pueden “comer de todo”. Sin embargo, ¿significa esto que se les deba servir el mismo plato que nos serviríamos nosotros? Desde Medicadiet te traemos un artículo que te ayudará a salir de dudas.

Necesidades de energía y nutrientes

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la alimentación tiene como objetivo proporcionarle al niño la energía y nutrientes que necesita para un crecimiento y desarrollo adecuados y para evitar las deficiencias nutricionales y prevenir enfermedades. Como el crecimiento no es un proceso lineal, los requerimientos de energía y nutrientes pueden variar mucho a lo largo de la infancia y la adolescencia, lo que se muestra como cambios en el apetito del niño.

¿Es recomendable servirle a nuestro hijo lo mismo que a nosotros pero en menor cantidad? Aunque con respecto a muchos alimentos esta afirmación puede ser correcta, como por ejemplo si se trata de un filete más pequeño de carne o pescado, no siempre es así. Por ejemplo, en el caso de los lácteos no se debe ofrecer al niño medio vaso de leche en vez de uno entero, o medio yogur. Esto es especialmente importante en este grupo de alimentos ya que permite a los niños obtener la mayor parte del calcio que necesitan para el correcto crecimiento y desarrollo de los huesos. En cuanto a las frutas, tampoco es conveniente reducir o limitar su consumo a media pieza en lugar de una entera.

Los niños se irán incorporando poco a poco a la dieta familiar y es importante que el momento de las comidas sea compartido en un ambiente positivo, teniendo al resto de la familia de modelo a seguir. Es muy importante mantener y favorecer el desarrollo de actitudes positivas respecto a la alimentación y hábitos saludables, que se mantendrán en etapas posteriores de la vida. Recomendamos establecer un horario organizado, no estricto pero sí regular, que incluya el desayuno y comidas organizadas, que completen los requerimientos energéticos diarios. Reforzar una actitud positiva frente a la alimentación también puede incluir el el proceso de hacer la compra, o invitar a los niños a ser “pinches de cocina”, permitiéndoles hacer tareas básicas adaptadas a su edad que les familiaricen con la acción de cocinar y preparar los alimentos.

Es recomendable respetar estos cambios de apetito y no forzar a comer a los niños. Del mismo modo se debe permitir al niño repetir o consumir más cantidad de alimento si tiene apetito, teniendo en cuenta que hay etapas como la adolescencia en las que las necesidades de energía y nutrientes pueden incluso superar a las del adulto. Adoptar una actitud exigente y tratar que realicen una ingesta regular en las comidas, por parte de los padres, madres o cuidadores es contraproducente y conduce a una actitud de rechazo.

Crear hábitos saludables

La edad infantil, y en especial su etapa más temprana es de vital importancia en el establecimiento de los gustos y preferencias alimentarias de los niños, muchos de los cuales arrastrarán a lo largo de toda su vida. Es por eso que se recomienda en los primeros años no ofrecerle a los niños alimentos con sal o azúcares añadidos. Aunque a nosotros puedan parecernos más sosos, hay que tener en cuenta que los niños no tienen referencias de otros platos “con más sabor” y acostumbrarles desde pequeños a comer con poca sal hará que en un futuro desarrollen menos riesgo de hipertensión arterial y otros problemas relacionados. En el caso del azúcar, se pueden endulzar los platos con frutas frescas o desecadas como los dátiles o las pasas. Aunque parezca que los niños sienten rechazo hacia ciertos alimentos, como pueden ser las verduras, es interesante jugar con diferentes maneras de presentación y métodos de cocción, ofreciéndolas siempre de manera positiva en lugar de como un castigo o imposición.

Del mismo modo, los hábitos saludables que se adquieran durante la infancia quedan arraigados en las posteriores etapas de la vida, por lo que alimentar al niño en un contexto de dieta variada y equilibrada como es la Dieta Mediterránea puede ayudar a prevenir enfermedades, no solo en esta etapa de la vida, sino también a largo plazo. Por ejemplo, si se crea un hábito de comer fruta después de cada comida, es probable que el niño no sienta ansiedad por comer otro tipo de postres menos recomendados como dulces o bollería.

En conclusión, los niños no tienen las mismas necesidades nutricionales que los adultos, y por lo tanto no podemos esperar que coman exactamente igual que nosotros. Poner a su disposición comida variada y saludable a lo largo del día respetando sus ritmos naturales de saciedad ayudará a su correcto crecimiento y desarrollo, a la vez que crea hábitos saludables para la posteridad.

Artículo por Medicadiet.

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